HOLAAA

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Les enseñaré una manera muy fácil: hagan su trabajo pensando que el trabajo también pertenece a Dios. No fijen su mente en la tarea, pensando "es mi trabajo". Piensen que todas las acciones que hacen, las hacen para Dios. Ofrézcanlo todo a Sus Pies. Crean, y díganselo a ustedes mismos, "todo lo que hago lo hago por amor a Dios".
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Tantra La Comprensión Suprema Segunda Parte - Osho

La Verdad Innata

La canción continúa:


 Segunda Parte:

Dice Tilopa:

  La práctica de los mantras y los paramitas,
la instrucción en los sutras y preceptos
y las enseñanzas de escuelas y escrituras
no te proporcionarán la experiencia de la Verdad innata,,..

  “Paramita” es una palabra budista; significa “compasión”, servir al prójimo. Paramita es lo que los misioneros cristianos están haciendo en todo el mundo. ¡Servir a la gente! ¡Ayudarla! ¡Compadecerla! Pero Tilopa dice que eso tampoco te servirá.

También yo lo he observado. Conozco a muchos que son reformadores sociales, grandes servidores de la sociedad. Han consagrado y sacrificado su vida para elevar el nivel de la gente, pero en ellos no ha habido transformación alguna. No puede haberla porque ayudar a la gente, servir a la sociedad, se ha convertido en una ocupación. Están totalmente ocupados en eso.

 Si de repente la sociedad fuera transformada por un milagro divino y no hubiera ningún mendigo a quien ayudar, ni un pobre a quien servir, ningún enfermo, ningún hospital, ningún loco, si esto sucediera de repente, ¿te imaginas qué harían tus grandes asistentes sociales? ¡Se suicidarían! Al no encontrar a quién ayudar, ¿qué otra cosa podrían hacer? Se encontrarían perdidos. ¿Qué les sucedería a los misioneros cristianos? Si no hubiera nadie a quien convertir, aconsejar y llevar hacia su camino, si todos fuéramos cristianos, ¿qué harían? ¿Qué harían con sus grandes misiones? Tendrían que suicidarse. Si tuviera lugar una verdadera revolución, ¿cuál sería el destino de tus revolucionarios? ¿Qué harían? Se quedarían de repente sin trabajo, sin empleo. Empezarían a rezarle a Dios diciendo: “Devuélvenos la vieja sociedad. Necesitamos leprosos que servir, necesitamos mendigos a los que ayudar”.

 O bien te ocupas de tus negocios, o bien te ocupas de los demás, pero en ambos casos la mente se mantiene ocupada. La mente exige que te olvides de ti mismo y te ocupes en algo. Y eso es huir de la verdad innata. Tilopa dice que éste no es el camino.

 El Tantra tiene algo muy hermoso que decirte y es esto: “Primero, antes de servir a los demás, sé completamente egoísta”. ¿Cómo vas a servir a los demás si no has alcanzado primero tu ser interior? ¡Sé completamente egoísta! Si tu propia luz interior luce, podrás ayudar a los demás. De lo contrario, tu ayuda será un perjuicio. Y el mundo está tan mal porque hay demasiados revolucionarios, demasiados reformadores sociales, demasiados que se auto-titulan “servidores”. Son ellos los que lo tergiversan todo, los que crean tanto caos. Y es natural porque sin haber obtenido su propia verdad han empezado a ayudar a otros. Si posees una luz en ti puedes compartir tu luz con alguien más, pero si no la tienes, ¿cómo vas a compartirla? ¿Cómo compartir lo que no tienes?

  Un hombre acudió a Buda. Debió de ser un gran, un muy gran revolucionario, como Marcase. Y le preguntó a Buda:

—Dime cómo puedo servir a los demás. Siento en mí una profunda compasión y me gustaría hacer feliz a todo el mundo.
Buda le miró y —según se dice— se entristeció. Se apenó al mirarle.
El hombre le dijo:
—¿Por qué pones esta cara de tristeza?
Buda le dijo:
—Tu mismo no pareces feliz y te has impuesto la misión de hacer feliz a todo el mundo. ¿Cómo vas a dar lo que no tienes?

  Primero, sé feliz tú. Y una vez lo seas, no será una misión. Una vez eres feliz, ayudar a los demás no supone apartarte de tu camino. Eres una ayuda dondequiera que estés. No lo conviertes en una profesión. Si te sientas bajo un árbol, ayudas al árbol. No conscientemente, sino sin esforzarte. Te acercas al árbol y el árbol responde. Tu ser interior penetra en el árbol y el árbol penetra en ti. Has Despertado a un árbol. Algún día, este árbol se convertirá en un Buda y tú habrás participado en ello, habrás tomado parte en el proceso. Y cuando ese árbol sea un Buda y el universo entero lo celebre, también tú lo celebrarás. Habrás dado una parte de ti al árbol, habrás compartido.

 Te sientas junto a un río y compartes. Te mueves y tus movimiento, tu movimiento mismo, se convierte en compasión. No has de hacer nada. Si “haces”, algo anda mal. ¿Cómo vas a “amar” voluntariamente? No es un acto, sino un estado de ser. Sientes amor, tienes esa luz y tus puertas están abiertas; entonces, cualquiera que entre, cualquiera que se adentre en el templo de tu ser, es invitado. Y si alguien quiere encender su propia luz tomándola de la tuya, accedes. No vas y buscas a alguien a quien puedas ayudar. Si lo haces, una cosa es cierta: no eres la persona adecuada. Si te lanzas a “hacer”, una cosa es cierta: estarás haciendo un mal. Interferirás en los asuntos de los demás. Déjalos ser como son. Si les dejas ser como son, eso será suficiente compasión por tu parte. No intentes cambiarles. No sabes lo que estás haciendo.

  Sólo el que se ha Iluminado es capaz de ayudar. Su ayuda fluye espontáneamente. Es como una flor abierta cuya fragancia es arrastrada por los vientos que la extienden por la Tierra. Es muy sutil e indirecta; nunca se dirige a nadie en concreto. Un verdadero Maestro nunca intenta cambiar a nadie directamente. Es como una fragancia sutil que te envuelve. Si estás abierto, algo de ella entrará en ti. Si no estás abierto, esperará a la puerta. Ni siquiera llamará porque al hacerlo puede perturbar tu sueño. Es tu sueño y tienes todo el derecho a dormir cuanto quieras. No es asunto de nadie el Despertarte.

  Puede que yo haya Despertado. Quizá me gustaría Despertarte a ti, pero eso me afecta a mí, no a ti. Si tú estás profundamente dormido soñando hermosos sueños, ¿quién soy yo para molestarte? Te esperaré. Te envolveré como una fragancia. Y si te das cuenta de ese aroma, si esa fragancia te saca de tu sueño, de acuerdo. Pero no será un esfuerzo directo, sino muy, muy indirecto. Recuérdalo siempre: sólo los que actúan de forma completamente indirecta pueden ser de ayuda. La ayuda directa es la de la política; la ayuda indirecta es la del sabio.


Tantra Yoga Meditación
Tantra Yoga Meditación 


  … la instrucción en los sutras y preceptos,
y las enseñanzas de escuelas y escrituras,
no te proporcionarán la experiencia de la Verdad innata,…

¿Por qué? Porque ya está ahí. No se te ha de enseñar. Estás buscando algo que ya tienes dentro de ti, absolutamente perfecto y maravilloso. No has de hacer nada. “Hacer” no servirá de nada. 

 Simplemente has de regresar a casa. El invitado ya está allí… pero el anfitrión está fuera. No estás dentro. A través de tus deseos estás alejándote más y más y más. Te gustaría tener una gran casa y un gran automóvil y esto y lo otro. Así, te estás alejando cada vez más. No tienes tiempo para regresar a casa.

 La meditación no es nada más que regresar a casa, descansar un poco en tu interior. No es entonar un mantra; ni siquiera, rezar. Es, sencillamente, regresar a casa y relajarte en ella. No ir a ninguna parte es meditación. Quédate dónde estás. No hay ningún otro lugar adónde ir. Quédate donde ya estás. Ocupa ese espacio en el que ya te encuentras. El deseo te lanza a largos viajes en el tiempo y el espacio. El deseo nunca te conduce a tu casa; siempre te lleva a otra parte.

 … pues si la mente persigue una meta llena de deseo,
tan sólo oculta la luz.

  Así es como te extravías. Así es como te pierdes: al salir de tu casa, te extravías. Al buscar, te extravías. Al indagar, te extravías. Al intentar Llegar, te extravías. No se requiere nada de tu parte. Dios te ha dado todo lo que se te podía dar. No has sido enviado al mundo como mendigo, sino como emperador. Tan sólo has de mirar en tu interior. Si en algún momento dejas, de buscar en otras partes, si dejas de desear, si dejas de pensar en el futuro o en el pasado, si simplemente descansas aquí y ahora, de repente, eso está ahí. Siempre ha estado ahí. Y entonces te ríes.

  Cuando le preguntaron a Lin Chi qué hizo cuando se Iluminó, qué fue lo primero que hizo, contestó:
—¿Qué iba a hacer? Me puse a reír y pedí una taza de té. ¡Empecé a reír! Me di cuenta de lo que estaba haciendo: buscaba algo que ya estaba ahí.

 Todos los Budas se han reído y todos los Budas han pedido una taza de té. ¿Qué otra cosa podían hacer? Eso ya estaba ahí. Corrías de aquí para allá innecesariamente. Cansado, has regresado a casa. Una taza de té es lo adecuado.

… pues si la mente persigue una meta llena de deseo,
tan sólo oculta la luz.

  Tu búsqueda provoca una humareda en torno a la llama. Das vueltas y más vueltas, levantas mucho polvo, creas una gran humareda. Y es tu propio esfuerzo el que levanta el polvo y provoca el humo que oculta la llama. Descansa un poco y deja que el polvo se deposite sobre el suelo. Si no te pones a correr muy deprisa, si no vas muy rápido, no provocarás humo y poco a poco todo se irá calmando y tu luz interior se revelará.

 Esto es lo más fundamental del Tantra: ya eres perfecto. Ningún otro enfoque lo afirma. Todos te dicen que has de ponerte en marcha, que has de esforzarte, que has de hacer muchas cosas, que el camino es arduo, si quieres Lograrlo. Te dicen que sólo muy, muy raramente alguien alcanza la meta porque se halla muy, muy distante. Durante millones de vidas tendrás que intentarlo. Sólo entonces Llegarás. Tienes que esforzarte para lograr la perfección. El Tantra afirma que por esto no lo Logras. No has de alcanzar la perfección. Tan sólo has de comprender que ya eres perfecto.

 El Tantra te ofrece la Iluminación aquí y ahora, sin aplazamientos, sin demoras. El Tantra afirma que relajarte y abandonarte te ayudará porque es tu inquietud la que está creando una gran humareda a tu alrededor. Tienes tanta prisa que no eres capaz de escuchar. Y mientras muchos te dicen: “No hay tiempo para descansar. He de alcanzar una meta que está muy lejana. Si me relajo, no llegaré”, el Tantra afirma que no lo conseguirás precisamente por tener tanta prisa. El Tantra dice no lo conseguirás debido a tus prisas.

Aquél que cumple con los preceptos tántricos
y, no obstante, continúa discriminando,
traiciona el espíritu del samaya.

Cesa en toda la actividad,
abandona todo deseo
y permite que tus pensamientos asciendan y decaigan como las olas del océano.

El que nunca se refugia en nada
ni infringe el principio de no-distinción,
enarbola los preceptos tántricos.

Es muy, muy sencillo… pero te complicas demasiado. En tu interior estás hecho un lío. Si no, verías que es muy, muy fácil.

Cesa en toda la actividad,
abandona todo deseo,
y permite que tus pensamientos asciendan y decaigan como las olas del océano.

 ¿Qué has de hacer? Es como ir junto al mar y, sentándote en la orilla, en la playa, ponerte a observar. Las olas suben y bajan. El mar se alza y desciende. El océano pasa por muchos estados. Y tú, ¿qué haces? Simplemente te sientas y lo observas. Exactamente igual ocurre con la mente. También es como un océano: las olas suben y bajan. En determinados momentos ruge impetuosa y puede con todo. En otros, mengua y el silencio se extiende en ti.

 En realidad, así son las cosas: la consciencia es como un océano. Y tu mente no sólo es tuya: tu mente forma parte de la mente colectiva. Alrededor de ti se extiende un océano de consciencia. Como un pez en el océano, así te encuentras tú en el mar de la consciencia: dentro y fuera, arriba y abajo, por aquí y por allá. Océano y olas. ¿Quién eres tú para alterar eso? ¿Quién eres tú para intentar calmarlo y tranquilizarlo? ¿Cómo vas a hacerlo?

Cuando alguien se preocupa excesivamente por tranquilizar su mente, lo que hace es crearse muchos problemas. ¡Le resulta imposible! Y cuando te enfrentas a una imposibilidad, te sientes frustrado. Entonces piensas en mil y una razones por las cuales no lo consigues. La verdad es que no puede suceder. El Tantra te dice: “¡Obsérvalo! No es asunto tuyo que los pensamientos vayan y vengan. Vienen cuando quieren y se van cuando quieren. ¿Por qué te implicas en ellos? ¿Quién eres tú para aminorarlos? No te pertenecen. Pertenecen al inmenso océano que te rodea. Antes de tu ser, ellos ya eran. Un día desaparecerás, pero ellos permanecerán”.

 Ahora la ciencia lo corrobora: todo pensamiento es una onda. Por eso una radio puede transmitir pensamientos. Atraviesan muros, montañas, cuerpos. Nada les supone un obstáculo. Radian algo en Nueva York y tú lo oyes aquí. En la actualidad, los científicos intuyen la posibilidad de que muy pronto podamos recoger los pensamientos del pasado, porque los pensamientos nunca mueren. Es posible que un día escuchemos a Tilopa diciendo a Naropa: “Es por ti, es por tu fe, que expreso eso que no puede expresarse”. Es posible porque los pensamientos nunca desaparecen. Este pensamiento de Tilopa debe encontrarse en algún lugar entre las estrellas. Si pudiéramos captarlo... Puede que la ciencia lo logre algún día, porque cuando un pensamiento es radiado en Nueva York, tarda algún tiempo en llegar a Puna. Sólo son unos segundos, pero tarda un poco. Viaja y seguirá viajando. Dejará esta Tierra y seguirá viajando. Dentro de algunos millones de años llegará a alguna estrella… y si fuésemos capaces de captarlo allí, lo escucharías de nuevo.

  Los pensamientos constituyen un océano que te envuelve. Existen independientemente de ti. Tú, simplemente, obsérvalos. Por eso el Tantra te dice: “¡Acéptalos! Llega la marea y es maravilloso. Baja la marea y es maravilloso. ¡Observa esas enormes y rugientes olas que intentan elevarse hasta el cielo! ¡Qué tremenda energía! ¡Obsérvalas! Luego el océano se calma, se relaja y la luna se refleja en él. ¡Qué maravilloso! ¡Obsérvalos!” Si eres capaz de observarlos alcanzarás una calma absoluta. Los pensamientos seguirán llegando a la orilla, romperán contra las rocas, y tú, mientras, permanecerás tranquilo y silencioso. No te afectarán.

  El auténtico problema no son los pensamientos, sino el verte afectado por ellos. No luches contra los pensamientos. Tan sólo conviértete en su presenciador. Entonces no te afectarán. Y eso supone un silencio más rico, recuérdalo. El Tantra siempre está a favor de experimentar para enriquecerte. Existe la posibilidad de crear un silencio muerto, el silencio de los cementerios. Puedes forzar tu mente en tal medida, que tu sistema nervioso se paralice. Entonces los pensamientos desaparecerán porque se requiere un sistema nervioso muy delicado para captarlos. El océano seguirá estando ahí, pero tú no lo percibirás. Habrás perdido tu capacidad receptora.

  Esto es lo que les sucede a muchos yoguis, a muchos de esos que dicen ser “yoguis”: embotan más y más su sistema nervioso. Comen menos para dejar sus cerebros sin energía. Al ayunar, el cerebro no dispone de energía suficiente pues el cuerpo tiene prioridad. Viven de manera que, poco a poco, su sistema cerebral se va paralizando, insensibilizando: sentados en una misma y sempiterna postura, repitiendo monótonamente un mantra. Si repites un mantra continuamente, durante años, tu sistema se irá embotando, porque dejarás de recibir nuevos estímulos. Perderás tu vitalidad.

  En realidad, esta clase de hombres no se vuelven más silenciosos, sino más tontos. Podrás observar la estúpida mirada de muchos yoguis. No verás en ella inteligencia, sino embotamiento y estupor, como si se hubieran convertido en piedras. No han alcanzado el silencio, sino que han perdido su inteligencia, han perdido su receptividad, se han embotado completamente. Están muertos. En ellos, nada sucede porque para que algo suceda se ha de tener un sistema nervioso muy delicado, muy receptivo, muy sensible.

  Así que éste ha de ser el criterio: si ves resplandecer de inteligencia, de conciencia, de sensibilidad, el rostro de un yogui, como si algo hubiera florecido en él, entonces es que ha Llegado. Sólo entonces surge en él el silencio. De lo contrario, podrás guardar silencio, pero ¿qué clase de silencio será éste? El de los tontos. Los idiotas guardan un perfecto silencio, porque son incapaces de razonar.

 Un idiota no es un yogui. Un idiota ha nacido con un sistema cerebral inutilizado. Tú puedes hacer lo mismo con el tuyo mediante el ayuno, mediante las posturas del Yoga. Puedes estar cabeza abajo durante horas; con eso lo conseguirás. El sirsasana es perfecto. Ponte cabeza abajo durante horas y con eso conseguirás que tu sistema nervioso muera, porque tu cerebro sólo puede funcionar con un mínimo de energía y de sangre. Sus terminaciones nerviosas son muy delicadas, sensibles y frágiles. No te lo imaginas porque a simple vista ni siquiera se pueden ver. Son mucho más finas que el diámetro de tus cabellos. Los nervios de tu cerebro son como… Si colocarás diez mil nervios uno encima de otro, tendrían el espesor de un cabello. Por eso, si la sangre circulara por ellos en gran cantidad, sencillamente los destruiría anegándolos.


Tantra Yoga Meditación
Tantra Yoga Meditación 


 El hombre dispone de un cerebro del que ningún animal dispone. Y eso se debe a que el hombre se mantiene erecto sobre sus dos pies. Por eso la sangre no le llega a la cabeza pues circula en contra de la fuerza de la gravedad. La fuerza de la gravedad atrae la sangre hacia abajo y sólo una ínfima parte de ella llega a la cabeza. Por eso puede subsistir este delicado sistema cerebral. Los animales no disponen de él porque se mantienen a cuatro patas con su cerebro al mismo nivel que el resto del cuerpo. Si te pones cabeza abajo, si practicas el sirsasana, durante un solo minuto puede que te sea bueno. Incluso durante un solo segundo puede que te resulte beneficioso porque es como un baño. La sangre irrigará y limpiará tu cerebro, pero justo en ese instante has de regresar a tu postura normal. De lo contrario, si practicas el sirsasana durante varios minutos o durante horas, destruirás tu sistema cerebral. Lo inundarás con tanta sangre que tu cerebro se verá desbordado.

  Los yoguis han descubierto muchas maneras de destruir el cerebro. Y una vez lo destruyes, dejas ver el océano… Pero el océano estará ahí, los pensamientos seguirán ahí. Tan sólo habrás estropeado tu radio. No creas que dejará de haber transmisiones. Seguirá habiéndolas, pero tu mecanismo receptor no estará operativo. Si encendieras tu radio, si la enchufaras, de inmediato empezaría a sintonizarlos.
El cerebro es, simplemente, un centro receptor. Si lo destruyes, surgirá el silencio, pero ése no es el silencio del Tantra. Y yo tampoco enseño ese silencio. Eso es la muerte. Está bien para un cementerio. Con eso no conseguirás nada; al contrario: estarás malgastando tu vida. Y habrás destruido un instrumento realmente sutil, un instrumento que puede hacerte absolutamente inteligente, un instrumento de tanta sensibilidad que te permitiría gozar y celebrar la Existencia. Lo que se necesita es más sensibilidad, más poesía. Lo que se necesita es más vida y más belleza.

 ¿Qué hacer entonces? Alcanzar el silencio del Tantra. Fíjate en esas ondas. Cuanto más las observes, más fácil te será ver su belleza. Cuanto más observes, más se te revelarán los sutiles matices del pensamiento. Y eso es maravilloso… pero sigue presenciándolo todo. Quédate en la orilla, siéntate en la playa, o túmbate al sol, y deja que el océano se encargue de su tarea. No interfieras.

Si no interfieres, el océano irá, lentamente, dejando de afectarte. Seguirá rugiendo a tu alrededor, pero no te afectará. Es hermoso en sí mismo, pero está separado de ti. Entre tú y él hay una distancia. Esa distancia es la verdadera meditación, el verdadero silencio. El mundo gira y gira sin parar, pero tú no resultas afectado. Sigues en el mundo, pero no estás en el mundo. Sigues en el mundo, pero el mundo no está en ti. Pasas por el mundo inmaculado, impoluto. Te mantienes virgen. Hagas lo que hagas, te suceda lo que te suceda, te da igual: tu virginidad se mantiene perfecta, tu inocencia sigue siendo absoluta, tu pureza no es destruida.

Aquél que cumple con los preceptos tántricos
y, no obstante, continúa discriminando,
traiciona el espíritu del samaya.

Y —dice Tilopa— si tratas de mantenerte fiel al camino del Tantra, a los preceptos del Tantra, acuérdate de no discriminar. Si discriminas podrás llegar a ser un filósofo tántrico, pero no un tántrico. No discrimines, no digas: “Esto es bueno y eso, malo”. Abandona toda diferenciación. Acéptalo todo tal como es.

Cesa en toda la actividad,
abandona todo deseo,…

Abandónate a ti mismo, regresa a casa.

… permite que tus pensamientos asciendan y decaigan como las olas del océano.

El que nunca contradice el principio de no-discriminación, el que nunca discrimina, es el que sigue el camino correcto.

El que nunca se refugia en nada…

  Ésta es una de las cosas más hermosas del Tantra. El Tantra te dice: “No tengas hogar, no hagas de ningún lugar tu residencia, no te identifiques ni te aferres a nada”. No fijes tu hogar en ninguna parte, porque al mantenerte sin hogar alcanzarás tu verdadero hogar. Si empiezas a poseer, a refugiarte en esto o en lo otro, te quedarás sin casa.

  No te aferres a nadie, a nada, a ninguna relación. Disfrútalas, pero no te aferres. Disfrutar no es problema, pero una vez empiezas a aferrarte aparece la mente codiciosa y entonces dejas de fluir, entonces el camino se bloquea. No hagas de ningún lugar tu casa. Entonces morarás en ti. No te aferres a nada. Sólo entonces podrás descansar en ti.
Estos son los dos principios fundamentales: no infrinjas el principio de no refugiarte en nada, ni infrinjas el principio de no-distinción.

El que abandona los deseos sin aferrarse a nada
percibe el verdadero significado transmitido a través de las escrituras.

A través de las escrituras no puedes obtener la Verdad. Pero si alcanzas la Verdad, entenderás las escrituras. Las escrituras no son más que testimonios; dan fe de la Verdad. No puedes aprender la Verdad de ellas, pero una vez conoces la Verdad, ellos la confirman. Todas las escrituras del mundo te dirán: “Sí, has Llegado. Ésta es la Verdad”. Las escrituras proceden de gente que ha Llegado. Sean cuales sean su simbología y su lenguaje, sean cuales sean sus metáforas, una vez hayas Llegado las entenderás. Entenderás todas sus metáforas, todos sus símbolos, todos sus lenguajes.

  La gente me pregunta: “¿Qué estás haciendo? A veces hablas del Tantra y de Tilopa; a veces hablas del Yoga y de Patanyali; a veces hablas de Lao Tse y Chuang Tse, de los taoístas y del Tao; a veces saltas a Heráclito y a Jesús. ¿Qué pretendes?” Estoy hablando de lo mismo. No hablo de cosas diferentes. Heráclito, o Tilopa, o Buda, o Jesús, me da lo mismo. Me estoy hablando a mí mismo. Ellos son sólo excusas porque una vez Llegas, encajan todas las escrituras del mundo. Deja de haber escrituras hindúes, escrituras judías, escrituras cristianas. De repente te conviertes en la culminación de todas las escrituras.

  Yo soy cristiano, hindú, judío, musulmán… porque no soy nadie. Y la Verdad, una vez conocida, trasciende todas las escrituras. Todas las escrituras señalan hacia ella. Las escrituras no son más que dedos apuntando a la Luna. Puede haber millones de dedos… pero sólo una Luna. Una vez la descubres, las has descubierto todas.

  Siguiendo las escrituras te volverás un sectario: serás un cristiano porque te aferrarás a la Biblia; serás musulmán porque te aferrarás al Corán; serás un hindú porque aferrarás al Gita;… pero no serás religioso. La religiosidad sólo surge cuando la Verdad emerge en ti. Entonces no sigues a nadie, sino que todas las escrituras te siguen a ti. Entonces no te aferras a nada, sino que todas las escrituras se aferran a ti. Se convierten en tu sombra. Y todas las escrituras son iguales porque hablan de lo mismo. Sus metáforas, está claro, son diferentes, sus lenguajes son diferentes, pero la experiencia es la misma.

 Dice Buda: “Pruebes donde pruebes el océano, siempre lo encontrarás salado”. Tanto si lo pruebas desde el Corán, como a través de la Biblia, o de la Torá, o del Talmud, el sabor siempre será el mismo. Las escrituras no pueden conducirte a ninguna parte. De hecho, sin ti, están muertas. Cuando alcanzas la Verdad, de repente todas las escrituras cobran vida. A través de ti recobran la vida. A través de ti, renacen.

  Esto es lo que estoy haciendo: revivir a Tilopa. Ha estado muerto durante muchos siglos sin que nadie haya hablado sobre él, sin que nadie le haya hecho renacer. Yo lo estoy resucitando. Mientras yo esté aquí, él estará vivo de nuevo. Si estás dispuesto, podrás encontrarle. Estará cerca de aquí. Si eres receptivo, podrás sentir sus pisadas. Se ha materializado de nuevo.


  A través de mí, renacerán todas las escrituras. A través de mí, verán de nuevo la luz en este mundo. Me convertiré en su ancla. Esto es lo que estoy haciendo y lo que me gustaría que hicieras con tu propia vida algún día. Cuando comprendas, cuando sepas, recupera del pasado, resucitándolo y renovándolo, todo lo que sea hermoso para que Todos-los-que-han-Llegado puedan volver de nuevo a la Tierra y recorrerla ayudando a la gente. Osho 


Osho
Osho 


Fuente: Oshogulaab.com 
Tantra La Comprensión Suprema
Fuente: es.wikipedia.org Osho  


Unión Mística Ahora los sutras - Osho

EL CAMINO SUFI


Puliendo el Espejo del Corazón


 Aquí te presento los sutras, la segunda parte del artículo Unión Mística Sufí, armé extrayendo la información de Osho que a mi criterio era importante para estos tiempos, sobre todo si nunca has leído Mística y te interesarías saber algo o quizás Iluminarte. Mi intención es que te sirva como guía para tu Espiritualidad y lo acompañes con el Yoga si así quisieras y tomes conciencia del conocimiento que nos brinda Osho. Namaste !



Segunda Parte: 
Ahora los sutras.


Tratamos de razonar nuestro camino hacia él:
no funcionó;
pero en el momento en que nos rendimos.
ningún obstáculo quedó.

 Hakim Sanai era un hombre de carácter, un hombre religioso. Lo había intentado intensamente, había probado todos los modos posibles de llegar a Dios. Era un hombre muy inteligente, con mu­chos conocimientos, conocido como un hombre sabio. Era una persona muy capaz y racional. Había tratado de llegar a Dios por medio de la razón de todos los modos posibles.

 Pero nadie ha llegado jamás a Dios por medio de la razón. Ésa no es la puerta hacia él, es la pared que te lo impide. La razón es perfectamente capaz de conocer lo superficial, pero no puede bu­cear en las profundidades. Sólo sabe nadar en la superficie. La ra­zón es perfectamente buena en lo que concierne al viaje hacia afue­ra, pero es totalmente impotente en lo que concierne al viaje hacia adentro.

 La razón es buena y adecuada si quieres saber acerca de la mate­ria. Pero es totalmente incapaz si quieres saber algo acerca de la consciencia. La razón puede medir, pero la consciencia no se puede me­dir. La razón puede pesar, pero la consciencia no tiene peso. La ra­zón puede ver, pero la consciencia es invisible. La razón tiene los cin­co sentidos a su servicio, pero la consciencia está detrás de los cinco sentidos. No la puedes tocar, no la puedes oler, no la puedes degus­tar, no la puedes oír, no la puedes ver: está detrás de estas cinco ven­tanas de los sentidos que se abren hacia fuera.

 Puedes ver la luz del sol, pero no puedes ver tu luz interior con tus ojos. Puedes oír cantar a los pájaros, pero no puedes oír cantar a tu propio corazón.
La razón es capaz de medir. Así es como la palabra «materia» co­menzó a existir. «Materia» significa lo que puede ser medido: «men­surable» es el significado de la palabra «materia». La razón mide, en­tonces cualquier cosa que pueda caer en la trampa de la razón es materia. Pero hay cosas que no son mensurables. ¿Cómo medir el amor? ¿Cómo medir la consciencia? Lo inconmensurable está allí. Pero si insistes en usar sólo la razón para conocerlo, permanecerás  ignorante de lo inconmensurable. Entonces permanecerás ignoran­te de Dios.

Hakim Sanai dice:

Tratamos de razonar nuestro camino hacia él:
no funcionó ...

No puede funcionar... su naturaleza es inadecuada. La lógica no puede sacar conclusiones acerca de lo incognoscible. La lógica en­tra en el mundo de lo conocido; la lógica no puede dar un salto cuántico hacia lo desconocido.

 ¿No lo has observado? Tu mente sólo puede pensar en lo cono­cido. ¿Cómo pensarías en lo desconocido? Si es desconocido, no hay modo de pensar en ello. El pensar está basado en lo conocido. Por eso pensar es repetitivo, se mueve en un círculo. Sí, puede se­guir refinando lo conocido, puede seguir refinándolo más y más, puede seguir puliendo lo conocido, pero nunca puede llegar a co­nocer lo desconocido.

 Como máximo, puede sacar conjeturas acerca de lo desconoci­do. Pero una conjetura es una conjetura, nunca puede volverse una certeza. Nunca te dará fe, no puede convertirse en confianza, por­que en el fondo sabes que es una conjetura, podría ser así, podría no ser así. No puede convertirse en una roca sobre la cual se puede levantar el templo de la vida. No, sigue siendo dudoso. Toda conjetura está enraizada en la duda: quizás sea así, quizás no.

Hay tres capas de existencia. Una es lo conocido: una parte ilu­minada muy pequeña, un punto iluminado muy pequeño que he­mos llegado a conocer. Luego, rodeándolo está lo desconocido in­finito, una gran noche de oscuridad. Pero acerca de lo desconocido podemos hacer unas pocas conjeturas, podemos inferir, porque lo conocido y lo desconocido no son cualitativamente diferentes. Lo que hoy es conocido ayer era desconocido, y lo que hoy es desco­nocido quizás se vuelva conocido mañana. Así que lo conocido y lo desconocido son correlativos; son de la misma familia.

 La ciencia vive en estos dos mundos, lo conocido y lo desconocido. Basas tu razonamiento, tu conjetura, tu inferencia en lo conocido, y en­tonces puedes deducir algo de lo desconocido y puedes llegar a entrar en la oscuridad e iluminar un poco más de territorio.

Pero hay algo más, el tercer reino: lo incognoscible. La lógica puede funcionar perfectamente en lo conocido; funciona sólo par­cialmente en lo desconocido, a manera de conjeturas; y no puede funcionar en absoluto en lo incognoscible. Lo incognoscible está más allá de la lógica, más allá de la razón, más allá del conocimien­to, más allá de la mente. Y lo incognoscible es Dios.
Sufismo
Sufismo


 Recuerda, Dios no es desconocido. Si Dios fuera desconocido entonces la ciencia lo conocería algún día. Dios es incognoscible. Sí, Dios puede ser experimentado y vivido pero no puede ser cono­cido, no se lo puede reducir a un conocimiento, no se lo puede re­ducir a una hipótesis, no se lo puede reducir a una fórmula como H2O.

 Dios sigue siendo un misterio. Hasta para aquellos que lo han experimentado, Dios sigue siendo un misterio. De hecho, cuanto más profundamente entras en él, más profundo se vuelve el miste­rio. Cuanto más penetras en él, más y más desapareces. Un día, no es que Dios es conocido, por el contrario, el conocedor desaparece. El conocedor se disuelve tal como una gota de rocío se desliza ha­cia el océano.

  En el mundo de la ciencia lo desconocido se transforma constan­temente en lo conocido. Y se tiene la esperanza de que un día lo des­conocido desaparecerá completamente y todo será conocido.

 En el mundo de la religión la historia es totalmente diferente, diametralmente opuesta. No es que desaparece lo desconocido sino que desaparece el conocedor. Y un día todo se vuelve incognoscible. Lo incognoscible es incognoscible, lo desconocido se vuelve incog­noscible, y lo conocido también se vuelve incognoscible. Entonces el misterio es total y absoluto.

Tratamos de razonar nuestro camino hacia él:
no funcionó;
pero en el momento en que nos rendimos.
ningún obstáculo quedó.

 Dios sucede en un estado de soltar, en la entrega. No puedes buscar a Dios... la búsqueda sigue siendo racional, toda búsqueda está basada en la mente. La mente es la gran buscadora. Y toda bús­queda, toda indagación está basada en la curiosidad.  

 Y en el fondo, detrás de toda tu búsqueda está el ego: «Quiero convertirme en un conocedor». No saber, duele; permanecer igno­rante, duele. El ego quiere gratificarse. Y el ego no puede conocer a Dios, porque el ego es la barrera. No estamos separados de la exis­tencia pero el ego nos ha dado la ilusión de estar separados. El ego significa simplemente la ilusión de estar separados de la existencia.

Entregarse es abandonar la ilusión de la separación. Soltar signi­fica: «yo no soy más». Soltar significa: «me disuelvo». Soltar signifi­ca: «abandono toda búsqueda, toda indagación». Soltar significa: «sólo estaré pasivo y disponible». Y entonces sucede. 

 Así es cómo le sucedió a Sanai. Mirando a los ojos a ese hom­bre, Lai-Khur, escuchando sus extrañas palabras, escuchando su ex­traña música, sintiendo su presencia... sucedió. Y Sanai había tra­bajado toda su vida y no se había acercado nada. Y luego, de la na­da, en la presencia del maestro Lai-Khur, simplemente sucedió por sí mismo.

 Debe haber sido un shock para él cuando Lai-Khur dijo: «¡Ha­kim Sanai, eres un ciego!». Nadie le había dicho eso nunca a Hakim Sanai. Era respetado y se pensaba que era un sabio; hasta reyes y emperadores solían pedir su consejo. ¡Y este loco, este mendigo, lo llama ciego! Debe haberle causado un shock. En ese shock su mente se detuvo. Fue casi como un shock eléctrico.

Si estás disponible para la energía del maestro, ésta es un shock eléctrico. Puede destrozar tu mente. Puede crear un caos: un caos hermoso, un caos del cual nacen estrellas. Y el impacto de Lai-Khur creó un caos así.

 Sanai desapareció. Por un momento no estuvo allí. Sólo el maestro y su presencia, y esas grandes olas que venían del maestro... él se ahogó. Fue un momento de soltarse. Y Dios vino en la forma de Lai-Khur. Dios vino a través de la flauta de Lai-Khur.

... pero en el momento en que nos rendimos
ningún obstáculo quedó
Él se presentó a nosotros...

 Cuando estás en un estado de soltarte, Dios viene. El hombre nunca llega a Dios. Éste es uno de los fundamentos del Sufismo siempre es Dios el que llega al hombre.
Dios está constantemente tratando de llegar a ti, pero no lo dejas. Estás muy cerrado, nunca dejas tus ventanas abiertas. Estás cerrado con fuerza, nada puede entrar en ti; estás cerrado herméticamente. Dios está intentando llegar a ti por todos los medios, como una madre que busca a su hijo. Pero tú no estás disponible, no estás presente. Tienes mucho miedo y estás muy a la defensiva.

 Sucede casi todos los días. Cuando te inicio en sannyas, trato de llegar a ti. Pero muy raramente aparece alguien que esté disponible. Muy raramente puedo encontrar un modo de llegar a tu corazón.

Pero cuando sucede, inmediatamente ya no eres el mismo. A veces sucede, una persona está disponible y abierta, no se está defendiendo, deja caer la armadura que todos llevamos siempre.
Tenemos tanto miedo de la gente, tenemos tanto miedo del amor, tenemos tanto miedo de los otros, que nos mantenemos a distancia. Eso se vuelve un hábito. Cuando llegas frente a un maestro, ese hábi­to está allí.

 Hace sólo dos noches había un joven sannyasin que volvía a su hogar. Le pregunté: «¿Cuándo te vas?», y no me contestó. Le pre­gunté: «¿Cuándo volverás?», y él no me respondió. Luego le pedí que se acercara, «así puedo tocar tu cabeza.» Él ni siquiera se acer­có a mí: totalmente cerrado, no me dio ninguna apertura.

 Éstos son sólo modos de encontrar una apertura. No importa cuándo te vas, si hoy o mañana. Sólo te pregunto para que me pue­das dar una pequeña apertura. Empiezo la comunicación para po­der convertirla en comunión.

 Pero él no estaba listo para decir nada. No hay nada de malo si no quieres decir nada, está perfectamente bien. El silencio puede ser inmensamente hermoso. Pero el silencio debe ser abierto, sólo entonces es hermoso; de otro modo es la cosa más fea que hay. Él tenía miedo de decir cualquier cosa, tenía miedo de pronunciar una palabra, porque si lo hacía, yo encontraría una entrada. Al menos para pronunciar esa palabra se tendría que haber abierto un poco.

 No habría estado tan mal si hubiera sido un silencio abierto; ha­bría sido tremendamente hermoso. Pero no fue un silencio abierto; si lo hubiera sido, él se habría acercado. Lo estaba llamando para que se acercara y él no lo hizo. Quería tocarlo, porque si las pala­bras no podían llegar a él quizás mi presencia hubiera podido. Pero él tampoco permitió eso.
Dios está tratando de llegar a ti. Y cuando estás en la presencia de un maestro, Dios está tratando intensamente de llegar a ti.

Dice Sanai:

El se presentó a nosotros por bondad ...

 Porque Sanai no iba en busca de Dios, él iba en un viaje de con­quista con el rey, sucedió de la nada, súbitamente. Ese canto, esa danza, la música de Lai-Khur: fue tomado de sorpresa. Imagínate, allí había mucha gente. El sultán estaba allí pero se lo perdió, no es­taba abierto. Hakim Sanai lo captó. Él estaba abierto, permitió que sucediera, no se resistió.

Él se presentó a nosotros por bondad ...

 Recuerda: Dios no viene a ti porque lo merezcas. ¿Qué mérito pue­des tener? No porque te lo hayas ganado, no porque lo merezcas, só­lo porque él es bondadoso. Él es Rahim, él es Rahman, él es compa­sivo. Estos son los nombres Sufis de Dios. Rahim significa compasivo, Rahman, nuevamente, significa compasivo, misericordioso, bondado­so. Él viene a ti por su bondad. Él no viene por tus esfuerzos; él viene por tu entrega.

¿De qué otro modo podríamos haberlo conocido?

Sanai dice: «Ahora puedo decir que no había modo de conocer­lo. Lo había intentado de todos los modos posibles; lo había bus­cado de todos los modos racionales». Si adhieres a la razón, inevi­tablemente te volverás ateo, tarde o temprano. O te volverás un hi­pócrita. Ésa es la gente que hay a tu alrededor. Aquellos que están tratando de llegar a Dios a través de la razón y de la mente inevi­tablemente caen en estas dos categorías: o se vuelven hipócritas, los así llamados religiosos, a esta gente la encontrarás en las iglesias, los templos, las mezquitas y gurudwaras, leyendo el Corán, el Gita y la Biblia. Éstos son los así llamados religiosos, los hipócritas. Son deshonestos; no han encontrado nada, pero ni siquiera están listos para aceptar que han fallado. No están listos para aceptar el fracaso de su ego y en consecuencia, han empezado a creer. No han encontrado nada pero creen. Esta creencia es falsa, hace que la per­sona sea falsa.


Sufismo
Sufismo  


  Por eso todas las personas así llamadas religiosas son falsas; son feas: una cosa en la superficie y en el fondo otra cosa totalmente di­ferente. En el fondo, mil y una dudas, y en la superficie tan solo una creencia pintada. No sale de su ser, no es parte de su vida. No ha crecido en ellos, no está basada en una experiencia existencial. Han creído por miedo, han creído por frustración. Creyeron porque no pudieron llevar adelante su investigación, estaban cansados, perdie­ron el coraje, estaban descorazonados. Y tampoco tienen la sufi­ciente autenticidad como para decir: «Hemos tratado y no lo he­mos encontrado. Entonces quizás él no existe».

 Ésa es la otra categoría: el ateo. El ateo al menos es verdade­ro; al menos es sincero y honesto. El teísta ni siquiera es hones­to. El teísta está en un dilema: cree en la honestidad, pero se basa en la deshonestidad.

Ahora en todo el mundo tus iglesias, tus sacerdotes, continúan enseñándote: «Sé honesto y cree en Dios». ¿Y has pensado alguna vez que estas dos cosas no pueden existir juntas? Sé honesto y cree en Dios: éste es un dilema, estás creando una contradicción. Si la persona tiene que ser honesta no puede creer en Dios porque, ¿qué significará la creencia para una persona honesta? O lo sabes o no lo sabes. Si lo sabes, no hay necesidad de creer: ya lo sabes. Si no lo sa­bes, ¿cómo puedes creer?

 Si la persona tiene que ser honesta, no puede creer, es necesario que no crea. Y si la persona tiene que creer, no puede ser honesta. Ahora has creado una contradicción en el ser de la persona. Esto es lo que reduce a todos a hipócritas. Entonces te conviertes en dos, o hasta en muchos. Entonces pierdes la integridad. Te vuelves dual: dices una cosa y haces otra, haces una cosa y dices lo contrario. Nunca eres uno. Y cuando no eres uno, nunca eres dichoso.

La dicha es producto de la unidad.

 La razón no lo puede encontrar. La razón no es la única puerta que hay en tu ser, en tu ser hay puertas más profundas. ¿No eres consciente del corazón? ¿No puedes sentir el latido del corazón? ¿No has visto que suceda nada a través del corazón? Cuando miras una flor de loto y sientes la belleza, ¿es por la razón? ¿Acaso la ra­zón puede probar que la flor es bella?

 La razón ni siquiera ha sido capaz de definir qué es la belleza. Para la mente racional no hay belleza. Pero sabes que la belleza exis­te y cuando la ves, te sobrecoge. La mente racional dice que no hay belleza, que es sólo una ilusión, una proyección, un sueño.

 La noche de luna llena: ¿es sólo una ilusión? Su esplendor hip­nótico, ¿es sólo una proyección de tu mente? No puede ser así por­que hasta el océano, que no tiene mente, es afectado. No puede ser así. Cuando el sol se levanta hasta los pájaros son afectados, no pue­de ser sólo la mente y su proyección.

La belleza existe. Pero la razón no tiene modo de acercársele, se siente desde el corazón. ¿Acaso no has sentido la belleza? El amor exis­te: eso tampoco sucede a través de la razón, eso también se siente des­de el corazón. Cuando te enamoras, ¿puedes justificarlo racionalmen­te? ¿Puedes decir qué es el amor? Nadie ha sido aún capaz de hacerlo.

 Dios es todas estas experiencias juntas: la experiencia de la belle­za, la experiencia de la bondad, la experiencia del amor, la experien­cia de la verdad. Todas estas experiencias suceden: no trates de al­canzarlas a través de la razón, suceden a través del corazón. Todas estas experiencias que vienen a través del corazón, la totalidad de ellas se llama Dios. Dios no es una persona sentada en algún lugar allá arriba en el cielo.

 Satyam, shivam, sundaram: ésa ha sido. la definición de Dios en Oriente. Satyam: él es verdad. Shivam: él es bondad. Sundaram: él es belleza.

Éstas san las experiencias que mueven tu corazón. Y Dios es la experiencia suprema a través del corazón. Conocer lo real a través del corazón es el significado. de experimentar a Dios. Conocer lo real a través de la mente es la experiencia de la materia.
La realidad es una.

 Nunca caigas en la falacia de pensar que hay das realidades: ma­teria y consciencia ... Dios y el mundo. No.

 La realidad es una; aquello que es, es uno. Pero te puedes acer­car a ese uno de dos maneras. Tienes dos enfoques posibles. Lo pue­des alcanzar a través de tu cabeza: entonces es materia, entonces la interpretación de la realidad viene en términos materialistas. O puedes alcanzado. a través del corazón, y entonces es consciencia o Dios.

 Éstas san nuestras interpretaciones. Y por cierto que la inter­pretación que viene del corazón es más elevada, más profunda, más honda. Y transforma tu vida: te transporta a otra dimensión de dicha, de bendición.

EL se presentó a nosotros por bondad:
¿De qué otro modo podríamos haberlo conocido?
La razón nos llevó hasta la puerta;
pero fue su presencia la que nos hizo entrar.

 Y recuerda una cosa más: el Sufismo no está en contra de la ra­zón. Ésa es la diferencia entre el enfoque Zen y el enfoque Sufi. El Zen es irracional, dice: abandona la razón, abandónala totalmente. El Sufismo no  es irracional, es supra-racional. Dice: usa la razón, pero sólo te llevará hasta la puerta. No te puede hacer entrar al tem­plo, solo te lleva hasta la puerta. Usa la razón, pero no te dejes atra­par por ella, no te quedes atascado en ella.

 Así es como le sucedió a Sanai. Había usado su razón hasta el máximo de su potencial. Por eso le fue posible a Lai-Khur hacerlo entrar al templo. El sultán se lo perdió porque ni siquiera había usa­do la razón hasta su punto óptimo. Otros también estaban allí, y ninguno lo captó. Solo Sanai lo captó. Él había usado su razón has­ta su punto óptimo, había visto que ésta llega hasta cierto límite, te lleva hasta cierto punto, y luego se queda atascada, luego se agota, y la realidad sigue esparciéndose más allá de ella, entonces la reali­dad es más grande que la razón.

 Usa la razón hasta donde ella puede llevarte, pero no te quedes  allí. Ve más allá de ella.
El Zen es irracional, el Zen es absurdo, ésa es su belleza. El Su­fismo es supra-racional, no es absurdo, ésa es su belleza. Los dos son puertas correctas hacia lo divino. Pero el Zen es negativo, dice: abandona el razonamiento. El Sufismo es positivo, dice: usa el ra­zonamiento pero recuerda siempre que hay algo más allá de él. Nunca olvides el-más allá.

 El Zen es vía negativa, el Sufismo es vía positiva. El Sufismo es totalmente positivo. Entonces, la gente que tiene una inclinación por lo positivo encontrará más fácil tener una afinidad con el Sufis­mo, y la gente que tiene un enfoque negativo y está sintonizada con lo negativo y lo disfruta, encontrará más fácil seguir el camino del Zen. Uno debe decidir. Uno debe observar sus inclinaciones, sus características.

 La razón nos llevó hasta la puerta;
pero fue su presencia la que nos hizo entrar.

 Usa la razón, llega hasta la puerta, y recuerda que lo real aún es­tá por ocurrir. Espera. Espera con tremenda apertura, permanece vulnerable. No te cierres, no empieces a sacar una conclusión. Una conclusión significa que te estás cerrando. Si la razón puede darte una conclusión, de este modo o de aquel, a favor o en contra de Dios, estás acabado; entonces no hay más allá.
Date cuenta de que la razón no es concluyente, y mantente sin sacar una conclusión y espera. Has llegado hasta la puerta, ahora su presencia te hará entrar.

 Éste es el significado de la gran máxima de que cuando el discípu­lo está listo, aparece el maestro. Es posible que Lai-Khur estuviera can­tando, bailando y tocando música sólo para Hakim Sanai. Los modos de obrar de la existencia son misteriosos. La trampa estaba lista para Hakim Sanai: ese hombre estaba listo, había llegado hasta la puerta.

 Lo mismo le sucedió a Ornar Khayyam, otro gran Sufi. Él era un matemático, un gran matemático, un genio. Había usado su ra­zón al máximo, y luego se le hizo entrar. Y el gran matemático se convirtió en un borracho, el gran matemático empezó a hablar de vino, de borracheras, y nació el gran Rubaiyat.

 Leyendo el Rubaiyat de Ornar Khayyam, uno no puede creer que él fuera un gran matemático. Uno no puede concebir qué tipo de matemático era ¡su poesía es tan pura! ¿Cómo puede un matemático alcanzar tal pureza en la poesía? Un matemático es un lógi­co, funciona por medio del silogismo; es muy práctico, muy obje­tivo. No permite que su subjetividad entre en sus observaciones; es muy desapegado. Y la matemática es la única ciencia perfecta en el mundo. 

 Todas las otras ciencias son más o menos, la matemática es la única ciencia perfecta. ¿Cómo puede un perfecto científico vol­verse un Sufi? Pero ahora puedes entender cómo sucedió. Cuando llegas al extremo de tu razón, y si aún estás disponible, si no estás cerrado, si aún no has llegado a una conclusión... de un modo u otro, si aún no re has convertido en un teísta o en un ateo, si aún tienes consciencia de que la razón nunca es concluyente, entonces su presencia te hará entrar. Él aparecerá como un maestro y te ha­rá entrar.

 Y entonces puede pasar en un momento. Cuando uno esta pa­rado en el límite, entonces en un momento puedes entrar en lo in­cognoscible.

 Pero, ¿cómo podrás nunca conocerlo
mientras seas incapaz de conocerte?

 Sólo puedes conocer a Dios si te has conocido a ti mismo. ¿Y dónde estás tú? No estás en tu cabeza, estás en tu corazón. La cabe­za puede caer en coma, y todavía estarás vivo. Hay gente que cae en coma y sigue en coma durante años.

 El corazón parece ser el punto de contacto entre tú y el universo. Es a través del corazón que estás conectado con el universo, y uno tiene que conocer su propio corazón: eso es el autoconocimiento, ése es el significado de «conócete a ti mismo». Porque sólo conociendo tu corazón conocerás el contacto con el universo. Entrando en tu co­razón, serás capaz de entrar en lo supremo.

Uno por uno es uno,
ni más, ni menos:
el error comienza con la dualidad;
la unidad no conoce el error.

 Tienes muchas mentes pero sólo un corazón. ¿Has observado es­te hecho? No tienes una mente; eres multipsíquico, tienes muchas mentes. Ellas cambian constantemente, tu mente cambia a cada momento. En un momento está llena de duda, en otro momento está llena de creencia, y en otro momento está nuevamente llena de duda. En un momento quiere dar el salto, en otro momento esca­pa. En un momento estás tan lleno de amor, en otro momento es­tás tan lleno de enojo y odio.

 Obsérvalo: tienes mil y una mentes, y van rotando. En tu ca­beza hay una especie de sistema de rotación. Por un momento una mente se vuelve el amo, y en ese momento decides algo y piensas que serás capaz de hacerlo. No serás capaz, porque en el momen­to siguiente el monarca se habrá ido. Es un sistema de rotación: ha surgido otra mente, ahora ha surgido otro rayo de la rueda. Y esta mente no sabe nada de la decisión que ha tomado la otra mente.

 Este yo no sabe nada del otro yo, y destruirá cualquier cosa que hayas decidido. En un momento decides no fumar nunca más, en otro momento estás sacando tu paquete de cigarrillos. Y te sorpren­des, hace un momento lo habías decidido, y la decisión parecía ser tan total, tan confiable. Y ahora todo se ha ido, se ha ido por com­pleto, no queda nada de ello. Y estás perfectamente dispuesto a fu­mar otra vez. Y otra vez esa vieja mente volverá y te torturará, y te arrepentirás y pensarás que eres culpable.

 Pero esto seguirá cambiando. La mente es un cambio continuo, es un continuum de muchas mentes. Por eso los que viven en la mente viven una vida desintegrada, fragmentada.

 El corazón es uno, siempre es uno. El corazón significa la consciencia observadora que hay en ti. ¿Quién es el observador de la ca­beza? Trata de meditar sobre esto. Viene el enojo, ¿quién está obser­vando? Sabes perfectamente bien que hay enojo; sabes perfecta­mente bien que está viniendo y creciendo, sabes perfectamente bien que pronto te abrumará. y luego se está yendo, retrocediendo, de­sapareciendo ... sabes que se ha ido. Se ha ido, se ha ido, ya no es­tá más allí. ¿Quién está observando?

  El amor va y viene. Viene la desdicha, viene la felicidad, todo vie­ne y todo se va. ¿Quién está observando? El observador permanece.

  Hay una sola cosa en ti que es constante, y es el observador. To­do cambia, sólo el observador permanece. Siempre está ahí, aun cuando estás profundamente dormido está observando los sueños, aun cuando no hay sueños está observando el sueño profundo. Cuando estás despierto está observando el mundo, cuando estás dormido está observando tu mundo interno, pero la observación continúa. Ni siquiera por un momento se detiene la observación. Esto es lo único eterno que hay en ti, lo único no temporal: tu co­razón. .. Los Sufis lo llaman el corazón... y es uno. Y conocer al uno es ir mas allá de todos los errores.

Uno por uno es uno,  
ni más, ni menos:
el error comienza con la dualidad;
la unidad no conoce el error.

 Esta unidad es llamada Unión Mística. Ésta es la unidad místi­ca. Ésta es la integración, la individuación, el centramiento del al­ma, y entonces puedes permanecer centrado aun cuando hay un ciclón rugiendo a tu alrededor. Entonces eres el centro del ciclón.

 Entonces puedes permanecer en el mundo sin ser del mundo. Todos los errores surgen de la dualidad. Y tú no eres solamente dual, eres una multiplicidad. Entonces, errores, errores y errores ... ¡te has dividido en tantos fragmentos! Eres una multitud, ése es tu problema, y la multitud está peleando constantemente. Y sigue pe­leando. Eres una guerra civil.

 Y en consecuencia tu vida pierde toda alegría, toda dicha y toda gracia.
Sé uno y repentinamente se alcanza la gracia. Repentinamente y sin esfuerzo te vuelves elegante. Entonces tu vida tiene una belleza propia. Es exquisita. Ya no es más esa vida común, fea, vulgar, mun­dana. Ahora es lo más santo de lo santo. Es sagrada, es divina.

El camino que debes recorrer tú mismo
consiste en pulir el espejo de tú corazón.

¿Cuál es el significado de «pulir el espejo de tu corazón»? Más y más, haz de tu corazón tu centro. Cae en tu centro más y más. To­da vez que te acuerdes, muévete al corazón, baja de la cabeza. Sé ob­servador, despierto.

 Pero debes estar despierto de un modo muy amoroso. De no ser así, también estar despierto puede volverse sólo parte de la mente. Si es estar despierto amorosamente, si es estar despierto del cora­zón, entonces lo será desde el centro de tú ser.

 Entonces, cuando estés consciente, sé también amoroso. Permi­te que el amor y la consciencia se encuentren y se mezclen; permite que tu consciencia sea bañada por el amor. Puedes observar una flor sin amor, la observación estará allí pero sin amor será un fenóme­no seco: Esta observación es posible aun a través de la cabeza, pero entonces no pulirá el espejo de tu corazón.

Observa y, sin embargo, sé amoroso. Observa amorosamente. Lentamente, tu observación y tu amor se vuelven uno: son dos as­pectos del mismo fenómeno. Entonces esto es pulir el corazón. El amor es el método de pulir el corazón. La consciencia te ayuda a lle­gar al corazón y el amor te ayuda a pulirlo. Y cuanto más se lo pu­le, mejor refleja la realidad.

El camino que debes recorrer tú mismo
consiste en pulir el espejo de tú corazón.
No es con rebelión y discordia...

 No es necesario que pelees contigo mismo, no es necesario que te impongas nada, no es necesario que estés en conflicto. Tienes que llegar a estar en armonía, no en discordia.
Por eso, el Sufismo no tiene nada que ver con el ascetismo. El asceta es un masoquista; no es una persona realmente religiosa. No se ama, se odia.

El Sufi se ama, el Sufi ama todo. El Sufi es amor.

No es con rebelión y discordia
como se pule el espejo del corazón,
liberándolo de la herrumbre de la hipocresía y la incredulidad.

 Recuerda, te dije que si actúas desde la mente las posibilidades son dos. Una es la hipocresía, la así llamada persona religiosa: hin­dú, musulmana, cristiana, jaina, judía, la así llamada persona reli­giosa, el hipócrita. Ésta es una posibilidad.

 La otra posibilidad es la incredulidad, el ateísmo: «No hay Dios. He buscado, he buscado hasta los límites mismos de mi razón y no he hallado a Dios. No hay Dios».

 Ambas actitudes son tontas. Uno debería permanecer sin sacar una conclusión. Uno debería permanecer en el límite de la razón sin conclusión alguna, simplemente silencioso, pasivo, disponible. Entonces la presencia de Dios te hace entrar.

Tu espejo es pulido por tu certeza:
por la pureza sin aleación de tu fe.

 Hay una certeza a la que se llega a través de la razón, pero esa certeza siempre está basada en la duda. La duda no puede ser des­truida por la razón ya que ésta se alimenta de duda, la razón co­mienza con la duda. La razón empieza cuestionando, razonar es bá­sicamente escéptico. Entonces, aun si llega a una conclusión, ésta será sólo hipotética. Será sólo temporaria. Si se revelan algunos he­chos nuevos, la conclusión deberá, ser cambiada.

 Es por eso que la ciencia nunca puede decir: «Ésta es la verdad». La ciencia sólo puede decir: «Hasta ahora, lo que conocemos pare­ce ser la verdad». Sólo puede decir: «Hasta el momento, hasta aho­ra, esto parece ser la verdad. No podemos decir nada sobre el ma­ñana. Vendrán nuevos hechos, se revelarán nuevos hechos, enton­ces tendremos que cambiar».

 Hoy en día, Newton está desactualizado. Pronto Albert Einstein estará desactualizado, pero Buda jamás estará desactualizado, Lai-Khur jamás estará desactualizado, Jesús jamás estará desactualizado. Porque nada de lo que dijeron está basado en la duda. No llegaron a ello a través de la razón, llegaron a la conclusión a través del corazón, y el corazón conoce lo eterno porque está en contacto con lo eterno. La cabeza sólo está en contacto con lo temporal, lo momentáneo.

Entonces, hay una certeza a la que se llega a través del amor, no a través de la lógica. Hay una certeza a la que se llega no por medio de la cabeza, no a través de la cabeza, no por medio de algún silogismo, sino por medio de un corazón que canta, un corazón que baila.

 ¿Has sentido alguna vez alguna conclusión, alguna certeza, algu­na certidumbre surgiendo de tu amor? Entonces entenderás el sig­nificado. Cuando dices: «Amo a esta mujer», ¿has llegado a esta conclusión a través de la razón? Si has llegado a ella a través de la razón, podrá desaparecer en cualquier momento.


Sufismo
Sufismo 


 Es por eso que en Occidente el amor se ha vuelto un fenómeno muy momentáneo. Hasta al amor se llega a través de la cabeza. Lle­gas a la conclusión: «Ésta parece ser la mujer más hermosa de todas las que conocido hasta ahora. ¿Quién sabe del mañana? Puede haber una mujer de nariz más larga, una mujer con cabellos más hermo­sos, una mujer con ojos de un brillo más profundo... ¿quién sabe? Nada puede decirse del mañana. Esta mujer podrá volverse desactualizada; siempre puedes encontrarte con una persona mejor.

 Si llegas a la conclusión a través de la cabeza, entonces el amor nunca llegará a ser profundo e íntimo. Será momentáneo, será sólo arbitrario. Esto es lo que está ocurriendo en el mundo. El amor se ha vuelto muy arbitrario y del momento; es sólo un arreglo del mo­mento.
Éste no es el modo de crecer profundamente en el amor. El amor requiere intimidad. El amor requiere una certeza a la que no se lle­ga a través de la cabeza sino a través del corazón. Cuando se llega a una certeza a través del corazón, es para siempre. No cambia.

 Benditas son aquellas pocas personas que aún pueden tener en su amor alguna certeza del corazón. Ahora son muy raros en la Tie­rra; esa tribu está desapareciendo, esa especie está desapareciendo. y ésa es una gran calamidad.

 Ahora, si vienes a mí y, al escucharme, al encontrarme lógico, atractivo para tu lógica y razón, te conviertes en discípulo, eso no llegará muy lejos. Mañana podré decir algo que sea contradictorio, que te deje perplejo. Eso creará dudas.

 Pero si es una relación del corazón: no oyendo lo que digo sino viendo lo que soy, no escuchando sólo mis palabras sino también mis silencios, no escuchando la filosofía que enseño sino la presen­cia que derramo sobre ti... entonces hay una certeza que es fe, que es confianza, que es para siempre.

Si llegas a través de tu razón, es sólo arbitrario. Nunca estarás en un estado de soltarte. Estarás siempre allí, observando por el rabillo del ojo: si algo va en contra de tu cabeza, entonces yo no soy para ti. Entonces tengo que estar siempre satisfaciendo tus expectativas, co­sa que no puedo hacer, cosa que ningún maestro puede hacer nun­ca. Y cualquier cosa que diga, siempre la interpretarás a tu modo.

el espejo del corazón es pulido por tu certeza:
por la pureza sin aleación de tu fe.
Libérate de las cadenas que has forjado a tu alrededor;
pues serás libre cuando estés libre de la arcilla.
El cuerpo es oscuro, el corazón brilla radiante;
El cuerpo es mero abono, el corazón es un jardín florido.

 Desidentifícate de tu cabeza y desidentifícate de tu cuerpo. Re­cuerda que no eres otra cosa que tu observación. Y esto no quiere decir que debas estar en contra del cuerpo. Los Sufis tampoco están en contra del cuerpo; aman al cuerpo porque el cuerpo es el abono. Puede volverse fragancia; debe ser transformado.

... el corazón es un jardín florido.

 El cuerpo debe funcionar como abono en el jardín del corazón. Uno no debe estar en contra del cuerpo o en contra de la cabeza. Usa la cabeza hasta llegar a la puerta, usa el cuerpo de manera que se convierta en el suelo.

 Pero recuerda siempre, la flor del corazón, la flor de estar des­pierto del corazón debe abrirse en ti. Y puede florecer en cualquier momento. Todo lo que se necesita es abandonar las cadenas que has forjado a tu alrededor: tus defensas, tu armadura, tus protecciones.

 Libérate de las cadenas que has forjado a tu alrededor;
pues serás libre cuando estés libre de la arcilla.

Nos hemos identificado demasiado con la tierra, con el cuerpo, con la arcilla. Nos hemos identificado demasiado con la materia, hemos olvidado que no somos nada más que un testimoniar. Este testimoniar es tu realidad última. Permite que se convierta también en tu realidad inmediata, y te convertirás en el jardín del corazón. y florecerás.

 Y a menos que florezcas convertido en un gran loto, en un gran loto dorado, tu vida será en vano.
Eso es lo que Lai-Khur le dijo a Sanai: «No malgastes tu vida es­cribiendo elogios para reyes tontos. Dios pronto te encontrará, y no serás capaz de responderle. No sigas siendo ciego. Haz algo: ¡Abre tus ojos!».

Sanai escuchó y fue transformado ... escúchame: tú también puedes ser transformado.

... Suficiente por hoy.  Osho 

Fuente: Osho/Bhagwan Shri Rajnísh/es.wikipedia.org/
Fuente: oshogulaab.com



Vipassana práctica Mahasi Sayadaw.

Segunda parte 

Practica avanzada 


 Como se ha mencionado anteriormente, en virtud de la diligencia en la práctica, la atención y la concentración han mejorado, el meditador notará a la par la ocurrencia de un objeto y el conocimiento del mismo; tales como el ascenso del abdomen y su conocimiento, el descenso del abdomen y su conocimiento, la postura de sentado y su conocimiento, la acción de doblar y su conocimiento, la acción de levantar y su conocimiento, la acción de colocar y su conocimiento. Por medio de la atención completa el meditador sabe cómo distinguir cada proceso físico y mental: “el movimiento de elevación es un proceso; el conocimiento del mismo es otro proceso.” Él comprende que cada acto de conocimiento tiene la naturaleza de “ir hacia el objeto.” Tal descubrimiento se refiere a la característica de la mente de inclinarse hacia un objeto o conocer un objeto. Mientras más claramente se observa el objeto material, más evidente es el proceso mental que es consciente del mismo. Este hecho es expresado de la siguiente manera en el Visuddhimagga:

 Cuando la materialidad es bien definida, separada y evidente a él; luego, en la misma proporción, los estados mentales que tienen la materialidad por objeto son, también, evidentes en sí mismos.

 Cuando el meditador conoce la diferencia entre el proceso material y el proceso mental, si es una persona ordinaria, reflexionaría sobre esta experiencia directa así: “Existe el ascenso y su conocimiento; el descenso y su conocimiento, y así sucesivamente. No hay nada más aparte de ellos (de estos dos procesos). Las palabras ‘hombre’ o ‘mujer’ se refieren al mismo proceso; no hay una ‘persona’ o ‘alma’.” Si es una persona bien informada, reflexionaría por medio de su conocimiento directo sobre la diferencia entre el proceso material como objeto y el proceso mental que lo conoce, así: “Es verdad que existe sólo el cuerpo y la mente. Aparte de ellos no hay entidades tales como hombre o mujer. Durante la contemplación uno nota un proceso material como objeto y un proceso mental que conoce el objeto; y es a este par que se refieren los términos convencionales ‘ser’, ‘persona’ o ‘alma’, ‘hombre’ o ‘mujer’. Pero aparte de este proceso dual (mente y materia) no existe una persona o ser separado, ego, hombre o mujer.” Cuando tales reflexiones ocurren, el meditador debe notar “reflexionando,” “reflexionando” y continuar con los movimientos del abdomen.

 Con ulterior progreso en la meditación, la conciencia de la intención es evidente antes de que el movimiento del cuerpo ocurra. El meditador primero nota la intención. Aunque también al comienzo de la práctica, nota “intención,” “intención” (por ejemplo cuando desea doblar un brazo), aún no puede discernir este estado de conciencia con claridad. Ahora, en esta etapa avanzada, distingue claramente la conciencia que tiene la intención de doblar. Entonces, primero distingue la intención de realizar un movimiento corporal, después el movimiento corporal en particular. Al comienzo, debido a la omisión de notar la intención, piensa que el movimiento corporal es más rápido que la mente que lo conoce. Ahora, en esta etapa avanzada, la mente se manifiesta como la precursora. El meditador distingue con facilidad la intención de doblar, extender, sentarse, pararse, moverse, etc. También reconoce con claridad las acciones de doblar, extender, etc. Entonces, comprende el hecho de que la mente que conoce el proceso corporal es más rápida que el proceso material. Experimenta directamente que un proceso corporal tiene lugar después de una previa intención. Nuevamente, conoce por experiencia directa que la intensidad del calor o del frío aumenta cuando está observando “calor,” “calor” o “frío,” “frío.” Cuando contempla los movimientos corporales regulares y espontáneos tales como la dilatación y contracción del abdomen, advierte uno después de otro en continuidad. También advierte la ocurrencia de imágenes mentales tales como Buddha, un Arahant, y también cualquier tipo de sensación que aparece en el cuerpo (comezón, dolor, calor), con la atención dirigida hacia el lugar donde la sensación ocurre. Una sensación ha desaparecido apenas, cuando otra aparece; y, las distingue a todas una después de otra. Mientras observa cada objeto surgir, descubre que el proceso mental de conocimiento depende de un objeto. 

 A veces, el ascenso y descenso del abdomen son tan indistintos que el meditador no encuentra nada para observar. Descubre que no puede haber conocimiento sin objeto. Cuando la observación de los movimientos del abdomen no es posible, debería prestar atención a la postura de sentado y a los puntos de contacto o a la postura de acostado y a los puntos de contacto. Los puntos de contacto se deben observar alternativamente. Por ejemplo, después de notar “sentado,” note la sensación de contacto en el pie derecho (causada por su contacto con el suelo o asiento). Después de notar “sentado,” note la sensación de contacto en el pie izquierdo. De la misma manera, note la sensación de contacto en distintos lugares. Nuevamente, observando el proceso visual y auditivo, el meditador comprende con claridad que la conciencia visual surge debido al contacto entre ojo y el objeto visual y la conciencia auditiva surge debido al contacto entre el oído y el sonido.

 Además, reflexiona: “Los procesos materiales de doblar, extender, etc., siguen a los procesos mentales de la intención de doblar, extender, etc.” Reflexiona de nuevo: “El cuerpo siente calor o frío debido al elemento calórico; el cuerpo depende del alimento y la nutrición; la conciencia ocurre porque hay objetos a ser conocidos: la conciencia visual ocurre porque hay objetos visuales, la conciencia auditiva ocurre porque hay sonidos y también porque existen los órganos de los sentidos, ojos, oídos, etc., como factores condicionantes. La intención y la observación son el resultado de experiencias anteriores; todos los tipos de sensaciones son consecuencia de acciones (kamma) anteriores en el sentido de que los procesos mentales y materiales tienen lugar desde el momento de concepción debido a las acciones (kamma) anteriores. No hay nadie que ha creado este cuerpo y mente, y todo lo que ocurre tiene una causa.” Tales reflexiones ocurren al meditador mientras está observando los objetos cuando éstos ocurren. Él no se detiene a reflexionar. Mientras observa surgir los objetos, estas reflexiones son tan rápidas que parecen automáticas. El meditador debe notar: “Reflexionando, reflexionando, reconociendo, reconociendo,” y continuar observando los objetos de la manera usual. Después de haber reflexionado que los procesos materiales y mentales observados están condicionados por procesos previos de una misma naturaleza, el meditador reflexiona seguidamente que el cuerpo y la mente en las existencias anteriores fueron condicionados por causas precedentes; que en las futuras existencias el cuerpo y la mente serán el resultado de las mismas causas, y que aparte de este proceso dual no existe un ‘ser’ o ‘persona’ separada, solamente causas y efectos. Tales reflexiones deben ser notadas y posteriormente se debe continuar contemplando de la manera usual. En aquellas personas con inclinaciones intelectuales, estas reflexiones serán muchas y menos para aquellas sin estas inclinaciones. De una u otra manera, todas estas reflexiones deben ser observadas con energía. Observándolas ellas se reducirán a un mínimo, permitiendo a la meditación progresar sin el impedimento de un exceso de las mismas. Se debe dar por sentado que un mínimo de estas reflexiones es aquí suficiente.

 Cuando se practica intensivamente la concentración, el meditador podría experimentar sensaciones insoportables, tales como comezón, dolor, calor, pesadez, rigidez. Si la observación con atención es descontinúa, tales sensaciones desaparecerán. Cuando se reanuda la observación, reaparecerán. Tales sensaciones ocurren como consecuencia de la sensibilidad natural del cuerpo y no son los síntomas de una enfermedad. Si se observan con intensa concentración, desaparecerán gradualmente

 Si a veces el meditador ve imágenes de todo tipo como con sus propios ojos; por ejemplo, Buddha se aparece con su divino resplandor; una procesión de monjes en el cielo; pagodas e imágenes de Buddha; encuentro con los seres queridos; árboles o bosques, cerros o montañas, jardines, edificios; cuerpos hinchados o esqueletos; nuestro cuerpo hinchado, cubierto de sangre, desecho en pedazos y reducido a un mero esqueleto, las entrañas y órganos vitales y aun gusanos; los habitantes del infierno y del cielo. Éstas no son otra cosa que criaturas de nuestra imaginación, agudizada por la intensa concentración. Estas visiones son similares a aquellas que ocurren en los sueños. Ellas no deben ser ni bienvenidas y disfrutadas ni debe asustarse de ellas. Estos objetos que aparecen durante el curso de la contemplación no son reales, son meras imágenes o imaginaciones; en cambio, la mente que conoce estos objetos es real. Pero, los procesos puramente mentales, inconexos con los cinco sentidos, no son fáciles de distinguir con claridad y detalle. Por lo tanto, atención principal se debería dar a los objetos de los sentidos que pueden ser fácilmente observados y a aquellos procesos mentales que ocurren en conexión con las percepciones de los sentidos. Entonces, el meditador debe observar cualquier objeto que aparece, repitiendo mentalmente, “viendo,” “viendo,” hasta que desaparece. El objeto se alejará, desaparecerá o se desvanecerá. Al comienzo, esto requerirá varias observaciones, digamos de cinco a diez. Pero cuando se ha desarrollado la concentración, el objeto desaparecerá después de un par de observaciones. Sin embargo, si el meditador desea disfrutar el objeto visual o mirarlo detenidamente o, por lo contrario, si se asusta del mismo; es probable que el objeto permanecerá por algún tiempo. Si el objeto se origina deliberadamente; luego, a causa del placer, éste durará por mucho tiempo. Entonces, se debe tener cuidado de no pensar o inclinarse hacia objetos externos cuando la concentración es buena. Si tales pensamientos aparecen, deben ser observados y eliminados inmediatamente. Es el caso de algunas personas que no experimentan objetos o sensaciones extraordinarias; y mientras contemplan de la manera usual, sienten pereza. Ellos deben observar la pereza: “pereza,” “pereza,” hasta que se elimina. En esta etapa, ya sea que se experimenten objetos o sensaciones extraordinarias o no, los meditadores distinguen claramente la fase inicial, intermedia y final de cada observación. Al comienzo de la práctica, durante la observación de un objeto, tenían que dirigir la atención hacia la ocurrencia de un objeto diferente; no distinguían con claridad la desaparición del objeto previo. Ahora, después de observar la desaparición de un objeto, ellos notan el nuevo objeto que surge. De esta manera, tienen un conocimiento claro de la fase inicial, intermedia y final del objeto observado.


Practica Meditación
Practica Meditación 


 En esta etapa, cuando adquiere práctica, el meditador percibe en cada acto de observación que el objeto aparece repentinamente y desaparece instantáneamente. Su percepción es tan clara que reflexiona así: “Todo tiene un final; todo desaparece. Nada es permanente; todo es realmente impermanente.” Su reflexión está de acuerdo con lo expresado en el Comentario de las Escrituras Pali: “Todo es impermanente en el sentido de destrucción, inexistencia después de haber sido.” Además reflexiona: “Es debido a la ignorancia que nosotros disfrutamos de la vida. Pero en realidad no hay nada que disfrutar. Hay un continu surgir y cesar que siempre nos está acosando. Esto es realmente terrible. En cualquier momento podríamos morir y, cuando esto ocurra, todo seguro terminará. Esta impermanencia universal es realmente espantosa y terrible.” Su reflexión está de acuerdo con lo expresado en los Comentarios: “Lo que es impermanente es sufrimiento; sufrimiento en el sentido de terror; sufrimiento en el sentido de opresión por el surgir y el cesar.” Nuevamente, cuando experimenta dolor, reflexiona así: “Todo es sufrimiento; Nada es satisfactorio.” Esta reflexión coincide con lo se dice en el Comentario: “Él percibe el sufrimiento como una púa, como un hervor, como un dardo.” Además él reflexiona: “Esto es una totalidad de sufrimiento; el sufrimiento es inevitable. Surgiendo y desapareciendo, carece de valor. Este proceso no puede ser detenido. Está más allá de nuestro poder. (Este proceso) sigue su curso natural.” Estos pensamientos están de acuerdo con el Comentario que dice: “Aquello que es sufrimiento es impersonal; impersonal en el sentido de no poseer substancia, debido a que no podemos ejercer control sobre él.” El meditador debe observar todas estas reflexiones y continuar contemplando de la manera usual.

 Habiendo de esta manera percibido las tres características por medio de la experiencia directa, el meditador, infiriendo de la experiencia directa de los objetos observados, comprende que todos los objetos aún no observados (objetos futuros) son impermanentes, sujetos al sufrimiento e impersonales.

 Con relación a los objetos que no se han experimentado personalmente, concluye: “Ellos también tienen las mismas características: son impermanentes, sufrimiento e impersonales.” Ésta es una inferencia a partir de su experiencia directa actual. Esta comprensión no es lo suficientemente clara para aquellos con una capacidad intelectual limitada o conocimiento limitado y que no prestan atención a la reflexión y continúan notando los objetos. Pero tal comprensión ocurre con frecuencia a aquellos propensos a la reflexión; y, en algunos casos, podría ocurrir en cada acto de observación. Sin embargo, la excesiva reflexión es un impedimento para el progreso en la práctica. Aun si en esta etapa tales reflexiones no ocurren; en las etapas superiores la comprensión será cada vez más clara. Por lo tanto, no se debería prestar atención a tales reflexiones. Durante la contemplación habitual, el meditador debe notar también estas reflexiones si ocurren, pero no debería contemplar en ellas.

 Después de comprender las tres características, el meditador ya no reflexiona pero procede con la observación de aquellos objetos mentales y materiales que se van presentando continuamente. Cuando las cinco facultades mentales; es decir fe, energía, atención completa, concentración y sabiduría, están correctamente balanceadas, el proceso mental de observación se acelera, como si se elevara, y los procesos materiales y mentales a ser observados también ocurren más rápidamente. Durante el momento de inspiración, el ascenso del abdomen se presenta en rápida sucesión, y el descenso también es más rápido. Una rápida sucesión es también evidente en el proceso de doblar y extender. Aun los movimientos leves se difunden por todo el cuerpo. En algunos casos, sensaciones de escozor y comezón aparecen momentáneamente en rápida sucesión. En general estas sensaciones son difíciles de soportar. El meditador no puede seguir al mismo paso esta rápida sucesión de diversas experiencias si intenta observarlas por su nombre. La observación aquí se debe realizar de una manera general, pero con atención completa. En esta etapa no es necesario tratar de observar los detalles de los objetos ocurriendo en rápida sucesión, pero hay que observarlos de una manera general. Si desea rotularlos, una designación colectiva es suficiente. Si intenta seguirlos detalladamente, pronto se cansará. Lo importante es observar con claridad y comprender lo que está ocurriendo. En esta etapa, la contemplación usual de unos pocos objetos seleccionados se debería dejar de lado y se debería atender cada objeto que se presenta en las seis puertas de los sentidos. Sólo cuando uno no está familiarizado con este tipo de observación, debería regresar a la contemplación habitual.

 Los procesos materiales y mentales son una cantidad de veces más rápidos que un parpadeo o un relámpago. Pero, si el meditador continúa simplemente observando estos procesos, puede comprender completamente cuando éstos ocurren. La atención completa es muy firme. En consecuencia, la atención completa aparece como si se arrojase hacia el objeto que surge. El objeto también aparece como encontrándose con la atención completa. Uno comprende cada uno de los objetos clara e individualmente. El meditador después comprende: “Los procesos materiales y mentales son realmente muy rápidos. Ellos son tan rápidos como una máquina o un motor. Y aún, ellos pueden ser observados y comprendidos. Tal vez, no hay nada más que conocer. Aquello a ser comprendido ha sido comprendido.” Él piensa de esta forma porque conoce por experiencia directa lo que antes ni había soñado.

 Como resultado de la meditación, una luz brillante se aparece al meditador. También experimenta arrobamiento, que produce piel de gallina, lágrimas, temblor en los miembros. Experimenta una emoción sutil y regocijo. Se siente como si estuviera en un columpio. Incluso, se pregunta si está simplemente mareado. Experimenta tranquilidad mental y con ésta, agilidad mental. Cuando está sentado, parado o acostado, se siente muy cómodo. Tanto el cuerpo como la mente son ágiles en su funcionamiento, son dóciles porque pueden atender el objeto deseado; son manejables porque pueden atender los objetos por cualquier espacio de tiempo. No siente rigidez, calor, dolor. La mente penetra los objetos con facilidad. La mente es sana y recta y uno desea evitar completamente el mal. Debido a una fe inconmovible, la mente es muy radiante. Cuando no hay objetos para observar, la mente permanece tranquila por un largo tiempo. Surgen pensamientos tales como: “Realmente Buddha es omnisciente. Verdaderamente, los procesos materiales y mentales son impermanentes, sujetos al sufrimiento e impersonales.” Mientras observa los objetos, comprende con claridad las tres características. Desea aconsejar a los demás para que practiquen meditación. Libre de somnolencia y sopor, su energía no es ni laxa ni tensa. Experimenta ecuanimidad asociada con la penetración. Su felicidad excede aquella experimentada antes. Entonces, desea comunicar sus experiencias y sensaciones a los demás. Además se manifiesta un sutil apego que disfruta la experiencia de la luz brillante, de la atención completa y del arrobamiento. Piensa que ésta es la bendición de la meditación.

 El meditador no debería reflexionar en estos eventos. Cuando cada uno de ellos ocurre, debería observarlos: “Luz brillante,” “fe,” “arrobamiento,” “tranquilidad,” “regocijo,” etc. Cuando hay luminosidad, debería notar este fenómeno como “luminosidad,” hasta que desaparezca; y similarmente para los otros casos. Cuando la luminosidad aparece, al comienzo existe la tendencia a olvidar la observación y a disfrutar de la luminosidad. Incluso si el meditador observa atentamente la luminosidad, ésta estará mezclada con sensaciones de arrobamiento y regocijo; y es posible que permanezca. Sin embargo, más tarde se acostumbrará a estos fenómenos y continuará observándolos claramente hasta que desaparezcan. A veces la luminosidad es tan brillante que es difícil hacerla desaparecer con la mera observación. En tal caso, debería dejar de prestar atención a la misma y observar enérgicamente cualquier otro objeto que surge en el cuerpo. El meditador no debería ponderar si la luz brillante todavía está allí. 

 Si lo hace, es posible que vea la luz. Si tal pensamiento ocurre, debería eliminarlo mediante la observación vigorosa del mismo. Cuando la concentración es intensa, no sólo una luz brillante sino también aparecerán otros objetos extraordinarios; éstos podrían continuar su manifestación si se inclina hacia uno u otro. Si tal inclinación ocurre, el meditador debe notarla rápidamente. En algunos casos, aun si no hay tal inclinación hacia algún objeto en particular, objetos tenues aparecen uno después de otro como los vagones de un tren. El meditador debería responder a tales imágenes visuales simplemente notando: “Viendo,” “viendo,” y cada objeto desaparecerá. Cuando la concentración se debilita, los objetos podrían volverse más claros. En este caso, cada uno debe ser observado hasta que todo el “tren” de objetos finalmente desaparece.

 Debe reconocer que apreciar la inclinación hacia fenómenos tales como luminosidad y apegarse a éstos, es una actitud errónea. La actitud correcta, que está de acuerdo con el sendero hacia la penetración, es observar estos objetos con atención completa y sin apego hasta que desaparezcan. Cuando el meditador continúa aplicando la atención al cuerpo y la mente, su capacidad de penetración aumentará en claridad. Percibirá más claramente el surgir y el cesar de los procesos materiales y mentales. Descubrirá que cada objeto surge en un lugar y en ese mismo lugar cesa. Descubrirá que la ocurrencia previa es una cosa y la ocurrencia siguiente es otra. En cada acto de observación, comprende las características de impermanencia, sufrimiento e impersonalidad. Después de haber contemplado así por bastante tiempo, podría pensar: “Esto es seguramente lo mejor que se puede alcanzar. No puede haber algo mejor.” Se siente tan satisfecho con su progreso que posiblemente interrumpirá la práctica y se relajará. Sin embargo, no debería relajarse en esta etapa, sino continuar con la práctica de observar los procesos materiales y mentales ininterrumpidamente por más tiempo.


Practica Meditación
Practica Meditación 


 Cuando la práctica ha mejorado y la contemplación ha madurado, el surgir de los objetos ya no es aparente; el meditador nota sólo la desaparición de los mismos. Ellos desaparecen con rapidez, y también los procesos mentales de observación. Por ejemplo, mientras observa el ascenso del abdomen, este movimiento desaparece velozmente. Igualmente desaparece el proceso mental de observación. De esta manera, el meditador comprende claramente que tanto el ascenso del abdomen y su observación desaparecen inmediatamente, uno después del otro. Lo mismo es válido para el caso del descenso del abdomen, la postura de sentado, doblar o extender un brazo o pierna, rigidez en los miembros, etc. La observación del objeto y el conocimiento de su desaparición ocurren en rápida sucesión. Algunos meditadores perciben distintamente tres fases: notar un objeto, su desaparición y la cesación de la conciencia que conoce la desaparición del objeto; todos en rápida sucesión. Sin embargo, es suficiente conocer, a la par, la desaparición del objeto y la cesación de la mente que observa tal desaparición.

 Cuando el meditador puede notar con claridad estos pares (objeto y mente) sin interrupción, las partes específicas como cuerpo, cabeza, mano, pierna ya no son aparentes y se le manifiesta la idea de que todo está desapareciendo, desvaneciéndose. En esta etapa, es probable que piense que su contemplación no es enteramente satisfactoria. Pero en realidad no es así. La mente, por regla general, se regocija demorándose en los partes específicas y las formas. Debido a la ausencia de las mismas, la mente está buscando satisfacción. En realidad, esto es la manifestación de progreso en la meditación. Al comienzo, son las partes específicas las que se notan con claridad, pero ahora su desaparición se nota primero, debido al progreso en la meditación. Sólo después de una reiterada reflexión, las partes específicas aparecen de nuevo; pero si ellas no son observadas el hecho de la disolución reaparece y permanece. Entonces, descubre por experiencia directa la verdad del dicho: “Cuando un nombre o una designación se manifiesta, una verdad yace oculta; cuando la verdad se revela, el nombre o la designación desaparece.”

 Cuando el meditador observa los objetos claramente, piensa que sus observaciones no son lo suficientemente precisas. De hecho, la contemplación es tan rápida y clara que él puede conocer hasta los momentos de conciencia de continuidad vital entre los procesos de cognición. Cuando se propone realizar una acción, por ejemplo, doblar o extender el brazo, y prontamente nota la intención que luego desaparece, el resultado es que no puede doblar o extender por algunos momentos. En este caso, debería desviar su atención y contemplar los fenómenos en las seis puertas de los sentidos.

 Si el meditador extiende su contemplación sobre todo el cuerpo, de la manera habitual, comenzando con la observación de la dilatación y contracción del abdomen, pronto ganará impulso; y, luego, debería continuar sucesivamente notando los puntos de contacto y su conocimiento o la conciencia visual y su conocimiento o la conciencia auditiva y su conocimiento, etc. Si durante la contemplación siente agitación o cansancio, debería regresar a observar el ascenso y descenso del abdomen. Después de algún tiempo, cuando ha ganado ímpetu, debería observar cualquier objeto que se manifiesta en el cuerpo.

 Cuando puede contemplar bien en diversos objetos, aun si no observa los objetos con vigor, comprende que lo que oye desaparece, que lo que ve desaparece, sin continuación entre ellos. Esto es comprender las cosas como realmente son. Algunos meditadores no ven claramente lo que está ocurriendo porque la disolución es tan rápida que ellos piensan que el sentido de la vista está empeorando o que están mareados. Pero no es así. Simplemente carecen del poder para notar lo que está ocurriendo antes y después; el resultado es que ellos no distinguen las partes específicas o las formas. En este caso, deberían relajarse y suspender la contemplación. Pero los procesos materiales y mentales continúan ocurriendo, y la mente espontáneamente continúa observándolos. El meditador podría decidir dormir, pero no se duerme; y permanece en buen estado y alerta. No debe preocuparse por la pérdida de sueño porque a causa de esto no se sentirá indispuesto o enfermo. Debería continuar observando con vigor y comprobará que su mente es capaz de percibir completa y claramente los objetos.

 Cuando está ocupado observando continuamente tanto la disolución de los objetos y el conocimiento de los mismos, reflexiona: “Nada permanece aun por un parpadeo o un relampaguear. Esto no lo había comprendido anteriormente. Así como cesó y desapareció en el pasado también cesará y desaparecerá en el futuro.” Debe notar esta reflexión. Además, durante la contemplación, el meditador posiblemente tendrá un sentimiento de temor. Él reflexiona: “Uno disfruta la vida sin conocer la verdad. Ahora que uno conoce la verdad de la continua disolución, es realmente terrible. En cada momento de disolución uno puede morir. El comienzo de esta vida es realmente terrible. Igualmente son las incesantes repeticiones del surgir (de la materia y mente). Terrible es sentir que en ausencia de la realidad de las partes específicas y formas, las ocurrencias aparecen ser reales. Terribles son los esfuerzos para detener el continuo cambio de los fenómenos para lograr el bienestar y la felicidad. Terrible es renacer porque siempre habrá una recurrencia de objetos que surgen y desaparecen. Realmente terrible es la vejez, la muerte, la pena, el lamento, el dolor, el pesar y la desesperanza.” Tales reflexiones deben ser observadas y luego desechadas.

 A continuación el meditador no encuentra nada de qué depender y se siente como debilitado tanto mental como físicamente. Se siente abatido. Ya no está más alegre y espiritoso. Pero no debería desesperarse. Esta condición es un signo de progreso en la meditación. No es nada más que sentirse infeliz ante el sentimiento de temor. Debe observar tal reflexión y mientras continúa observando los objetos que surgen, uno después de otro, esta sensación desagradable pronto desaparecerá. Sin embargo, si deja de contemplar por algún tiempo; el pesar se arraigará y el temor lo subyugará. Este tipo de temor no esta asociado con la contemplación. Por lo tanto, se debe tener cuidado para prevenir la ocurrencia del mismo por medio de la observación vigorosa.

 Nuevamente durante la contemplación, es posible que encontrará fallas, de la siguiente manera: “Este proceso corporal y mental, siendo impermanente, es insatisfactorio. No es bueno haber nacido. Tampoco es bueno continuar existiendo. Es una desilusión ver la apariencia de las partes específicas y las formas de los objetos cuando éstos no son reales. Es vano el esfuerzo para lograr el bienestar y la felicidad. Nacer no es deseable. Terribles son la vejez, la muerte, el lamento, el dolor, el pesar y la desesperanza.” Una reflexión de esta naturaleza se debe también observar.

 Luego, existe la inclinación a pensar que el cuerpo y la mente, el objeto y la mente que observa, son muy toscos, bajos e inútiles. Observando el surgir y el cesar, siente repugnancia. Podría ver su propio cuerpo deteriorarse y descomponerse. Considera su propio cuerpo como algo muy frágil.

 En esta etapa, durante la contemplación de todo lo que ocurre en su cuerpo y mente, el meditador siente disgusto. A pesar de que reconoce claramente la disolución mediante una serie de correctas observaciones, ya no está más alerta y espiritoso. Su contemplación está asociada a una sensación de disgusto. Siente pereza para continuar contemplando. A pesar de esto, no puede evitar seguir contemplando. Por ejemplo, es como aquella persona que siente disgusto a cada paso cuando tiene que caminar en un sendero barroso y sucio y no puede detenerse. No puede evitarlo, debe continuar caminando. A este punto, ve el cuerpo humano sujeto al proceso de disolución; y no le agrada la perspectiva de renacer como un ser humano, hombre o mujer, rey o multimillonario. Tiene el mismo sentimiento hacia los planos celestiales.

 Cuando, debido a este conocimiento, siente disgusto con respecto a cada objeto observado, experimentará el deseo de abandonar o liberarse de estos objetos. Ver, oír, tocar, reflexionar, pararse, sentarse, doblar, extender, notar; desea liberarse de todos ellos. Debería notar este deseo. Ahora anhela liberarse de los procesos materiales y mentales. Reflexiona: “Cada vez que los observo, encuentro que se repiten; estas repeticiones son todas malas. Es mejor que deje de observarlas.” Debería tomar nota de tal reflexión.

 Algunos meditadores, cuando reflexionan de esta manera, en efecto abandonan la observación de los objetos. A pesar de esto, los objetos no dejan de manifestarse; es decir, ascenso, descenso, doblar, extender, intención, etc. Ellos continúan ocurriendo como siempre. La observación de los distintos objetos también continúa. Entonces, se siente satisfecho, y reflexiona así: “A pesar de que dejo de observar los procesos corporales y mentales, los objetos continúan manifestándose. Ellos están manifestándose y la conciencia de los mismos está allí, por sí misma. Entonces, la liberación de ellos no puede ser alcanzada por medio del mero abandono de la observación. Ellos no pueden se abandonados de esta manera. Observándolos de la manera usual, las tres características de la existencia se comprenden completamente y, luego, sin prestar atención a las mismas se alcanza el estado de ecuanimidad. La cesación de estas formaciones (objetos mentales y materiales), el Nibbana, será realizado. La paz y la felicidad vendrán.” Entonces, reflexionando con regocijo, continúa observando las formaciones. En este caso, aquellos meditadores que no son capaces de reflexionar de esta forma, continuarán su meditación después de sentirse satisfechos de las explicaciones de sus maestros.

 Tan pronto como continúan meditando, alcanzan ímpetu y usualmente, en esta oportunidad, en algunos casos, distintas sensaciones de dolor ocurren. Esto no debe causar preocupación. Es sólo la manifestación de la característica inherente de esta abundancia de sufrimiento. El Comentario dice lo siguiente: “Percibiendo los cinco agregados como sufrimiento, como una enfermedad, como una llaga, como un dardo, como una calamidad, como una aflicción, etc.” Si tales sensaciones dolorosas no se experimentan, alguna de las cuarenta características de impermanencia, sufrimiento e impersonalidad será aparente en cada acto de observación. A pesar de que el meditador está observando correctamente, piensa que no lo está haciendo bien. Piensa que la conciencia que observa y el objeto observado no están lo suficientemente cerca. Esto es debido a que él está demasiado ansioso en comprender completamente las tres características. Insatisfecho con su contemplación, frecuentemente cambia de postura. Durante el período de meditación sentado piensa que contemplará mejor caminando. Mientras camina desea retornar a meditar sentado. Después que se ha sentado cambia la posición de sus miembros. Desea ir a otro lugar; desea acostarse. Aunque hace estos cambios no permanece por mucho tiempo en una posición determinada. Nuevamente se siente intranquilo. Pero no debería desesperarse. Todo esto ocurre porque ha comprendido la naturaleza real de las formaciones y también porque todavía no ha alcanzado el “conocimiento de ecuanimidad hacia las formaciones” (sankharupekkha-ñana). Está progresando y, aún así, piensa lo contrario. 

 Debería tratar de permanecer en una sola postura, y sentirse a gusto en la misma. Continuando la observación de los objetos con vigor, su mente gradualmente se volverá tranquila y brillante. Y finalmente la intranquilidad desaparecerá totalmente. Cuando el “conocimiento de ecuanimidad hacia las formaciones” ha madurado, la mente es muy clara y podrá observar los objetos muy lúcidamente. La observación se realiza fácilmente como si no se necesitara esfuerzo. Los objetos sutiles, también, se observan sin esfuerzo. Las reales características de impermanencia, sufrimiento e impersonalidad son evidentes sin necesidad de reflexionar. Cuando surge alguna sensación, la atención se dirige al lugar del cuerpo donde ésta surge, pero la sensación del tacto es tan suave como el algodón. A veces, los objetos a ser notados en todo el cuerpo son tantos que la observación se debe acelerar. Tanto el cuerpo como la mente aparecen como empujando hacia arriba. Los objetos observados disminuyen y pueden ser observados fácil y tranquilamente. A veces las formaciones corporales desaparecen totalmente dando lugar solamente a las formaciones mentales. Luego el meditador experimentará arrobamiento como disfrutando de una lluvia de pequeñas partículas de agua. También se llena de serenidad. Podría también percibir luminosidad como un cielo claro. Sin embargo estas experiencias no lo influencian excesivamente. No siente un gran gozo. Pero aún disfruta de estas experiencias. Debe observar la alegría. También debe observar el arrobamiento, la serenidad y la luminosidad. Si ellas no desaparecen cuando son observadas, debería ignorarlas y notar cualquier otro objeto que se presenta.

 En esta etapa se siente satisfecho con el conocimiento de que no existe un yo, una personalidad, lo mío, él o lo de él; sólo formaciones, formaciones que observan formaciones. También siente regocijo observando los objetos uno después de otro. No se cansa de notar los objetos uno después de otro. No se cansa de observarlos por mucho tiempo. Está libre de las sensaciones de dolor. Puede permanecer por mucho tiempo en la postura que elija. Ya sea sentado o acostado puede continuar contemplando por dos o tres horas sin experimentar ninguna incomodidad, sin cansarse. Cuando su intención es contemplar por un rato, podría continuar por dos o tres horas. Aun después de este período su postura es tan firme como al comienzo.

 A veces las formaciones ocurren rápidamente y las observa bien. Podría sentir ansiedad con respecto a que es lo qué le ocurriría. Debería observar esta ansiedad. Si piensa que está progresando, debería observar este pensamiento. Si espera progresar en la contemplación, debería observar estas expectativas. Debería notar constantemente cualquier objeto que ocurre. No debería usar demasiado esfuerzo ni relajarse. En algunos casos, debido a la ansiedad, a la alegría, al apego o a las expectativas la observación se vuelve laxa y retrógrada. Aquellos que piensan que el objetivo está muy cerca contemplan con gran energía. Mientras esto ocurre, la observación se vuelve laxa y se retrocede. Esto ocurre porque una mente agitada no se puede concentrar correctamente en las formaciones. De esta manera, cuando la contemplación va bien, el meditador debe continuar sin parar; esto significa que no debería relajarse ni poner demasiado esfuerzo. Si continúa sin cesar, rápidamente realizará el fin de las formaciones y el Nibbana. En el caso de algunos meditadores, ellos podrían, en esta etapa, levitar y caer una y otra vez. Deberían no desesperarse sino continuar con determinación. Se debe prestar atención a cualquier objeto que se presenta en las seis puertas. Sin embargo, cuando la observación procede fácil y calmamente, la contemplación extendida de esta manera no es posible. Entonces, la observación debería comenzar ganando ímpetu hasta que se vuelve fácil y calmada.




 Si el meditador comienza con los movimientos del abdomen o con algún otro objeto corporal o mental, descubrirá que está ganando ímpetu. Luego la observación procederá fácil y tranquilamente por sí misma. Ocurrirá que observa con facilidad el cese y la desaparición de las formaciones. A este punto, su mente está libre de todas las impurezas. Por más agradable y tentador que el objeto sea, no es así para él. A la inversa, por más desagradable que un objeto sea, no es así para él. Él simplemente ve, oye, huele, gusta, siente el tacto y conoce. Con los seis tipos de ecuanimidad descritos en las Escrituras observa todas las formaciones. No es consciente aun del tiempo en que está dedicado a la contemplación. Ni reflexiona de ninguna manera. Pero si no desarrolla el suficiente progreso en la contemplación para alcanzar el “conocimiento del sendero y su fruición” (magga y phala) en dos o tres horas, la concentración se vuelve laxa y sobreviene la reflexión. Por otra parte, si está haciendo buen progreso, podría anticipar mayor progreso. Se sentirá tan satisfecho con su resultado que experimentará un retroceso. Debe eliminar tales expectativas o reflexiones por medio de la simple observación. La continua contemplación alcanzará nuevamente progreso con facilidad. Pero si aún no se ha alcanzado suficiente poder de concentración, ésta nuevamente se vuelve laxa. Algunos meditadores progresan y retroceden de esta forma una y otra vez. Aquellos que están informados de las distintas etapas del progreso en la meditación por medio del estudio (o por haber oído) encuentran estos altibajos. Por lo tanto, no es bueno para el estudiante que medita bajo la supervisión de un maestro, interiorizarse con estas etapas antes de comenzar la meditación. Es para el beneficio de aquellos que tienen que meditar sin la ayuda de un maestro que estas etapas han sido aquí descritas.

 A pesar de tales fluctuaciones en el progreso, el meditador no debe dejarse sobreponer por la desilusión o la desesperación. Ahora él está, por así decirlo, en el umbral de magga y phala (el sendero y la fruición de los estados de santidad). Tan pronto como las cinco facultades (indriya), fe, energía, atención completa, concentración y sabiduría, estén equilibradas, alcanzará magga y phala y el Nibbana.





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